Los teutones
siempre han tenido en un sitial sin parangón su charcutería y su
cerveza.
Para ellos es motivo de orgullo personal elaborar una salchicha con
fórmulas “secretas” que sea diferente a las demás.
Por lo
tanto, se disputan ese privilegio. Y la Colonia Tovar, fundada por un
grupo de inmigrantes alemanes a mediados del siglo pasado, conservó
intacta su cultura culinaria.

Aquel
pequeño local ha crecido, pero hasta hoy conserva el criterio artesanal
del comienzo. Todavía siguen haciendo todos sus productos con la misma
tradición alemana.
La
producción es más variada, artículos agrupados en los renglones
siguientes: jamones, productos ahumados, salchichones, chorizos,
salchichas, fiambres y pasteles de carne, paté (pastas de hígado y de
carne), morcillas, cabeza de cochino y las conocidísimas rodillas.
En todos hay un factor común: poca sal y un mínimo de grasa.
